Camilo Ramírez en
Geopolítica y mercado Negocios y estrategia 30 de mayo de 2026 · 3 min de lectura

Anthropic vale más que OpenAI, y la razón debería preocuparnos en Latinoamérica

Anthropic vale más que OpenAI, y la razón debería preocuparnos en Latinoamérica

Pasó algo que hace un año parecía imposible: Anthropic, los que hacen Claude, acaban de quedar valorados por encima de OpenAI, los de ChatGPT. Un cheque de 30.000 millones de dólares liderado por el fondo Sequoia los dejó por encima de los 900.000 millones de valoración. Para que se haga una idea, en marzo OpenAI había marcado un récord histórico con 852.000 millones, y tres meses después su competidor más cercano ya lo superó.

Eso, de entrada, rompe un mito que dábamos por cierto: que había un líder intocable en la carrera de la IA. Resulta que no. Y la historia detrás de ese número tiene varias cosas que valen la pena para cualquiera que esté metido en un negocio, esté donde esté.

El talento ya no persigue la plata. Persigue las máquinas.

La primera señal interesante es a dónde se están yendo los cerebros. Andrej Karpathy, uno de los cofundadores de OpenAI, había salido hace un par de años a montar su propia compañía de educación. Hace poco anunció que paraba su proyecto personal para irse a Anthropic a liderar el preentrenamiento de modelos. O sea, uno de los nombres más pesados del mundo de la IA se va a la competencia directa de la empresa que él mismo fundó.

¿Por qué importa eso? Porque muestra que el talento de primer nivel está persiguiendo el hardware. Los científicos quieren estar donde están las máquinas más potentes, donde de verdad pueden experimentar. Y eso crea un círculo: más supercomputadores atraen más cerebros, y más cerebros producen mejores modelos, que atraen más inversión, que paga más máquinas. Un círculo virtuoso para el que va ganando, y vicioso para todos los demás.

El otro mito que se cayó: que estas empresas solo queman plata

Durante mucho tiempo se dijo que estas compañías eran pozos sin fondo, que solo quemaban dinero para conseguir usuarios. La noticia de Anthropic dice lo contrario. Ya están proyectando 10.900 millones de dólares solo en el segundo trimestre, con un crecimiento de 130%, y empezando a dejar beneficios reales. No números inflados: plata de verdad.

Y un detalle clave de dónde sale esa plata. No es de los planes de 25 o 200 dólares que pagamos usted o yo. La plata grande está en empaquetar la inteligencia en servicios para empresas y corporaciones. Ahí es donde se baila el verdadero mambo.

Ahora sí, los 1.250 millones al mes

Hace un tiempo les conté la historia de una fábrica de Electrolux en Memphis que Elon Musk convirtió en una fábrica gigantesca de cómputo. Pues resulta que Anthropic le está alquilando esa capacidad. ¿Cuánto paga, solo en procesamiento, solo en las tarjetas gráficas? 1.250 millones de dólares mensuales. Y eso tiene un techo que da risa de lo grande: 45.000 millones de dólares al año hasta 2029.

Esa cifra cuenta toda la historia. Para tener un modelo de frontera hoy se necesitan decenas de miles de tarjetas gráficas trabajando en paralelo durante meses, con sistemas de enfriamiento descomunales y un consumo eléctrico equivalente al de una ciudad pequeña. Ese es el costo de entrada. La barrera para crear estos sistemas ya no es el conocimiento. Es el acero, el silicio y la red eléctrica.

¿Y esto a nosotros qué?

Aquí es donde aterrizo, porque siempre vuelvo a lo mismo: ¿qué significa esto para nosotros? La pregunta obvia es por qué no hacemos un ChatGPT latino. Hay un intento en Chile, pero los números son diminutos al lado de estos gigantes. Competir de tú a tú con ellos, por ahora, no tiene sentido.

Pero acá hay algo importante que no podemos perder de vista. En Latinoamérica tenemos ingenieros increíbles, gente brillante. Lo que no tenemos son los 45.000 millones de dólares. Y si la barrera ya no es el talento sino la infraestructura física, entonces todo el poder del mundo está quedando concentrado en tres o cuatro compañías, casi todas en Estados Unidos.

Eso nos deja una pregunta que vale la pena hacerse: si construir el cerebro del futuro cuesta el PIB de un país pequeño, ¿quién va a ser capaz de auditar esa tecnología? ¿Y dónde quedamos los que solo vamos a pagar la cuenta a fin de mes?


Esto nació de un episodio de Pertinente, mi análisis diario sobre IA, negocios y geopolítica en Latinoamérica. Si le sirvió, ahí publico uno nuevo cada día.

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