Camilo Ramírez en
Geopolítica y mercado 19 de mayo de 2026 · 3 min de lectura

OpenAI le dio mil millones a un exconvicto. La razón nos deja a todos en evidencia.

Voy a empezar por el dato que parece un titular amarillista pero es completamente real: OpenAI, los de ChatGPT, le firmaron un cheque de mil millones de dólares a una empresa dirigida por un hombre que se declaró culpable de un delito financiero grave. No es chisme. Y entender por qué lo hicieron dice más sobre el futuro de su negocio que cualquier anuncio de un modelo nuevo.

La historia del hombre del refrigerador

El personaje se llama Andrew Feldman. A principios de los 2000, siendo ejecutivo de una empresa de redes, estuvo metido en un esquema para inflar los ingresos en un 23% con ventas falsas. Se declaró culpable, recibió libertad condicional y una multa. Carrera terminada, pensaría cualquiera.

Pues no. Feldman montó después una empresa de servidores que le vendió a AMD por más de 300 millones, y luego se fue a resolver uno de los problemas más difíciles de la IA. La industria siempre fabricó los chips cortándolos en pedacitos para conectarlos por cable, lo que genera lentitud y calor. Feldman, con su empresa Cerebras, decidió no cortar el chip: fabricar uno gigante, del tamaño de un disco de vinilo, cuando el chip más grande de Nvidia es del tamaño de una estampilla. Una bestia que consume tanta energía que se derretiría en un servidor normal, así que tuvieron que meterlo en una especie de refrigerador con enfriamiento por agua de altísima ingeniería.

Maravilla técnica, problema de negocio: casi el 90% de sus ingresos dependía de un solo cliente, en Abu Dhabi. Y al gobierno de Estados Unidos no le gustó nada que una empresa de IA dependiera de capital de Medio Oriente, así que le bloqueó la salida a la bolsa.

Por qué aparece OpenAI a rescatarlo

Aquí se cruza la historia. OpenAI necesitaba con urgencia bajar sus costos y salir del monopolio de precios de Nvidia. Vio a Cerebras en problemas y le ofreció un trato a puerta cerrada: se compromete a comprarle más de 20.000 millones en servidores, le adelanta mil millones para financiar los centros de datos, y a cambio se queda con la opción de un 10% de la empresa. Ese dinero reemplazó el capital árabe, dejó tranquilo al gobierno gringo, y Cerebras salió a la bolsa con sus acciones disparándose más del 100% en horas, rozando los 95.000 millones de valoración.

Y aquí va el dato que de verdad importa, el que pone todo en perspectiva: toda América Latina levantó menos de 16.000 millones en capital de riesgo en su mejor año. OpenAI acaba de mover más que eso en una sola empresa, solo para asegurarse de que operar ChatGPT le salga más barato.

La pregunta que nos deja a todos callados

Le voy a poner el espejo, porque es incómodo y por eso vale la pena. Todos somos entusiastas de la inteligencia artificial. Nos encanta, jugamos con ella, montamos cosas. Pero nuestra participación real en toda esta cadena de valor se reduce a una cosa: pagar la cuenta a fin de mes.

Si el costo de la infraestructura mundial de IA se decide con apuestas físicas descomunales y rescates de 20.000 millones negociados a puerta cerrada en California, entonces la pregunta para cualquiera que dirija una empresa en la región es una sola, y no es cómoda: ¿qué nivel de soberanía operativa tenemos de verdad sobre el software que ya está automatizando nuestros negocios? Porque entusiasmo tenemos de sobra. Control, casi ninguno. Y conviene saberlo antes de seguir construyendo encima.

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