Camilo Ramírez en
Geopolítica y mercado Aprende 23 de mayo de 2026 · 2 min de lectura

Cada respuesta de la IA cuesta lo que consume una ciudad. Vale la pena saberlo.

Usamos la inteligencia artificial como si fuera magia. Le pedimos algo, nos responde en segundos, y seguimos con el día. Pero detrás de esa respuesta instantánea hay una realidad física descomunal que casi nadie ve, y conviene verla, no para satanizar la tecnología, sino para entender de qué depende de verdad. La historia de una vieja fábrica en Memphis lo explica perfecto.

De fábrica de estufas a supercomputador

En 2013, Electrolux montó en Memphis una planta enorme, del tamaño de diez canchas de fútbol. Llegó con la promesa de empleos y prosperidad para la región. En 2022 cerró, despidió a la gente y dejó el edificio vacío. La historia de siempre: la gran corporación llega, hace su negocio y se va dejando a la ciudad colgada.

En ese galpón vacío entró Elon Musk a montar Colossus, una superfábrica de cómputo para inteligencia artificial. Y lo hizo en tiempo récord: un montaje que normalmente toma tres o cuatro años, él lo armó en 122 días, pasándose por encima de algunas reglas en el camino. Llenó el espacio con más de 220.000 chips de IA funcionando como una sola máquina gigante.

Los números que ponen todo en perspectiva

Aquí es donde la magia se vuelve física, y los números son los que cuentan la historia. Esa bestia necesita 300 megavatios de potencia para funcionar. ¿Cuánto es eso? Una casa promedio usa 0,0005 megavatios. Un hospital mediano, entre uno y cinco. Un pequeño reactor nuclear está diseñado para producir hasta 300. O sea: esta “humilde fábrica” consume lo de un reactor nuclear entero.

Como la red eléctrica de Memphis no daba abasto, Musk instaló treinta turbinas de gas en el predio para generar esa energía. Eso le trajo quejas por ruido, por emisiones, por operar sin permisos de calidad del aire. Los vecinos empezaron a sentir el gas. La promesa de prosperidad terminó, otra vez, en un sabor amargo.

¿Y quién usa toda esa potencia? Anthropic firmó para tomar el 100% de la capacidad de Colossus —los 220.000 chips— para entrenar y servir sus modelos. La empresa que se vende como la alternativa responsable y consciente, alimentándose de una infraestructura que ya nació con un conflicto con sus vecinos. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo, y por eso la historia es interesante: no hay villanos limpios ni héroes limpios.

Lo que quiero que se lleve

No le cuento esto para que deje de usar la IA, ni para satanizarla. La uso todos los días y me parece extraordinaria. Se lo cuento porque creo que vale la pena tener presente el esfuerzo real, físico, energético, humano, que cuesta que esta tecnología llegue a nuestras manos y nos deje crear cosas maravillosas en segundos.

Cuando uno entiende que detrás de cada respuesta hay reactores de energía, turbinas de gas y comunidades afectadas, deja de tratar la IA como magia gratuita y empieza a tratarla como lo que es: una herramienta poderosa con un costo concreto detrás. Y esa consciencia, lejos de frenarlo a uno, lo vuelve un usuario más sensato y más responsable de algo que, nos guste o no, ya cambió la forma en que trabajamos.

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