Camilo Ramírez en
Geopolítica y mercado 28 de mayo de 2026 · 2 min de lectura

Musk demandó a OpenAI por 138.000 millones. El juicio pone a prueba una promesa que nos hicieron a todos.

Mientras las empresas de inteligencia artificial mueven cifras de vértigo, hay una novela judicial que vale la pena seguir, no por el morbo de ver a dos multimillonarios pelear, sino porque en el fondo se está juzgando algo que nos prometieron a todos: que esta tecnología se iba a desarrollar para el bien de la humanidad. Elon Musk demandó a OpenAI y a Sam Altman, y pide hasta 138.000 millones de dólares en daños. Para entender el lío hay que devolverse al principio.

De mejores amigos a tribunales

En 2015, Musk y Altman eran cercanos y fundaron juntos OpenAI con un propósito explícito y bonito: desarrollar inteligencia artificial de la manera más beneficiosa para la humanidad, sin estar condicionados por la necesidad de generar retorno financiero. Sin ánimo de lucro. Por el bien común. Musk puso buena parte del dinero inicial.

Pero en 2017 la realidad pegó duro: para llegar a donde querían necesitaban miles de millones en infraestructura, y eso no sale de donaciones. Ahí empezó la mutación hacia una estructura con fines de lucro, entró Microsoft con sus cheques, y en 2018 Musk se fue. La versión de OpenAI es jugosa: dicen que fue el propio Musk quien presionó para volverse comercial, que quería ser el jefe con el control mayoritario, y que como no lo dejaron, se fue dolido.

Luego vino ChatGPT en 2022, y OpenAI pasó de laboratorio filantrópico a uno de los negocios de software con el crecimiento más loco de la historia, valorado en cientos de miles de millones. Musk montó su propia empresa de IA, intentó comprar OpenAI por unos 97.000 millones, le dijeron que no estaba en venta, y entonces demandó. Su argumento: desviaron la misión original, saquearon una organización benéfica, y al firmar con Microsoft se volvieron una empresa tradicional que busca maximizar ganancias para accionistas, no para la humanidad.

La parte que de verdad importa, más allá del chisme

Le confieso que es bastante irónico que sea Elon Musk quien se erija en defensor de la pureza filantrópica, y OpenAI no se queda atrás acusándolo de querer destruirlos solo para favorecer a su propia empresa. Visto así, es una pelea de egos y de miles de millones, entretenida pero ajena.

Solo que no es ajena, y por eso la traje. Este juicio es el primer test serio de hasta dónde se puede estirar esa promesa de “IA para el beneficio de la humanidad” cuando hay cientos de miles de millones de dólares sobre la mesa. Es la pregunta de fondo de toda esta era: cuando la plata en juego es tan brutal, ¿sobrevive el propósito original, o termina siendo un eslogan que se cita en los buenos tiempos y se archiva cuando estorba?

No le tengo la respuesta, porque la está escribiendo un tribunal en tiempo real. Pero le dejo la reflexión, porque aplica más allá de OpenAI: cada vez que una empresa nos vende que hace algo “por el bien común”, vale la pena recordar este caso y preguntarse qué pasa con ese propósito el día que choca con una cifra de diez dígitos. La respuesta a esa pregunta, en la IA, nos va a tocar a todos.

Sigue leyendo