Camilo Ramírez en
Negocios y estrategia 25 de mayo de 2026 · 3 min de lectura

OpenAI va a entrar a las empresas por la puerta grande. Las consultoras deberían preocuparse.

OpenAI acaba de crear una empresa nueva, con un nombre aburrido a propósito, valorada ya en 10.000 millones de dólares apenas nació. Su objetivo no es vender más licencias de ChatGPT. Es algo bastante más ambicioso y, para muchos negocios en Latinoamérica, bastante más amenazante: meterse de lleno en el mundo de la consultoría y la implementación. Vale la pena entender la jugada, porque cambia las reglas de quién va a capturar el valor de la IA.

La jugada: dejar de vender herramientas, vender resultados

La idea es elegante y un poco maquiavélica. OpenAI se asoció con grandes fondos de inversión —de esos que tienen cientos de empresas en su portafolio— para poner ingenieros de alto nivel metidos dentro de esas compañías. No a venderles una suscripción, sino a rediseñarles los procesos, automatizarles flujos y construirles aplicaciones sobre sus modelos. Consultoría de altísimo nivel, con resultados que se vean en el bolsillo de la empresa.

¿Por qué con los fondos de inversión? Porque ahí está el truco. Esos fondos tienen tanta plata metida en sus empresas que pueden, básicamente, ordenar la adopción. Ya no depende de que dentro de cada compañía haya un valiente que se ponga la camiseta de la IA y luche por sacarla adelante. Ahora viene de arriba, del que maneja la plata, como una decisión de portafolio. La ventana de “experimentemos tranquilos a ver qué pasa” se cierra, y la adopción se vuelve prácticamente obligatoria.

Y no es solo OpenAI. Anthropic está armando un vehículo parecido con otros gigantes financieros. Los dos grandes se están armando hasta los dientes para lo mismo.

Por qué hacen esto si no les falta plata

OpenAI no tiene problema de caja, acaba de levantar una fortuna. Entonces, ¿por qué meterse a algo que suena al viejo y poco glamoroso negocio de la consultoría? Por una razón que conecta con algo que vengo diciendo hace rato: el problema de la IA hoy no es la tecnología. No es si el modelo es más rápido o más capaz. El problema es que las empresas de verdad la adopten y empiecen a funcionar con ella en el día a día.

En la región tenemos un mal endémico: muchas pruebas piloto, muchos experimentos, y muy pocos ejercicios reales que dejen plata en el bolsillo. Mucho test y poco resultado. Lo que OpenAI quiere con esta empresa es justamente eso: implementaciones exitosas. Y tiene una lógica de adicción comercial impecable, porque si a una empresa le va bien usando IA y fue OpenAI quien se la implementó, esa empresa le va a pagar para siempre. Es, en sus propias palabras del mundo del negocio, la heroína digital.

Lo que esto significa para usted

Si una empresa pertenece al portafolio de uno de estos fondos, la probabilidad de que “amablemente” tenga que adoptar IA en serio se dispara. Ya no es opción. Y eso le puede caer como una patada a las consultoras, las agencias digitales y las boutiques de transformación de Latinoamérica, porque de repente compiten contra el dueño mismo de la tecnología, especializado en implementarla rápido y mostrar resultados.

Pero le doy la vuelta, porque ahí hay una lección más útil que el susto. Si las dos empresas más grandes del mundo están apostando todo a que la adopción pase de “estamos experimentando” a “esto da resultados medibles”, el mensaje para usted es claro, sin importar el tamaño de su empresa. La era de jugar con la IA por curiosidad se está acabando. La pregunta ya no es si la está probando. Es qué resultado concreto está buscando con ella, y si de verdad está haciendo algo para lograrlo, o solo coleccionando experimentos que no dejan nada.

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